¿Qué debería tener para ser feliz?

El nuevo consumo y la felicidad

Por Héctor Puche. Investigador sobre la consciencia humana, Presidente Fundación Budhi, Director de la academia de Neurociencia en Colombia

Llevo años escuchando a personas hablar sobre lo cansadas que están de esta sociedad consumista. La falsa necesidad que los medios de comunicación y redes sociales nos crean no tiene límite y es normal, es un negocio como cualquier otro.

Todos queremos vender algo comenzando por nosotros mismos. Queremos que nos crean, que nos quieran, nos acepten, nos escuchen, que nos valoren; y para conseguirlo estamos dispuestos a hacer lo que sea.

¿Qué hay detrás de ese deseo generalizado? La felicidad. No conozco, aún, a nadie que no busque eso. Lo tenemos como objetivo a corto, mediano y largo plazo. Da igual como ocurra. Queremos que suceda, tarde o temprano, pase lo que pase. ¿O me equivoco?

La percepción que tengo sobre este monotema de la Felicidad es que cada vez se crean nuevas estrategias para ofrecerlo. Es un concepto camaleónico. Viene envuelto en forma de bebida, de coche, de pareja, de hijos, de trabajo, de sueldo, de religión, de vestido o traje, de viaje. Sea cual sea su forma, olor, sabor, textura nunca nos satisface. Y si lo hace, esa sensación dura muy muy poco.

Un gran porcentaje de la población mundial piensa que la felicidad es un estado de ánimo, una emoción o un sentimiento. Se puede estar feliz o triste. Allí está el error de la cuestión.

La felicidad, según los expertos de esta ciencia, es un estado de la consciencia que se conquista. Está ligado a una gran cantidad de conexiones neuronales en la zona prefrontal y orbitofrontal del neocortex. Por el contrario, las emociones se han identificado en una región más primitiva del cerebro: el sistema límbico.

Ahora, si consideramos que la felicidad es una recompensa y no una conquista del Ser como lo que realmente es, entonces esas conexiones neuronales se verán alojadas en el Sistema de Recompensa (sistema límbico) donde están involucradas la ínsula, el núcleo accumbens, la amígdala, el tálamo, el hipocampo, la zona tegmental ventral por ir nombrando algunas. Todos estos “personajes” interactúan entre si cuando entra en el cerebro un estímulo externo asociado con nuestra cultura de consumo.

Si comprar es sinónimo de felicidad, luego nuestras conexiones neuronales serán más fuertes en el sistema límbico que en el LPF (lóbulo prefrontal). Estaríamos dándole poder sobre nuestra plenitud a un gran estímulo externo: EL CONSUMO. Una pregunta para ti, realmente cuánto más consumimos, más obtenemos, acumulamos, tenemos, deseamos tener ¿somos más felices? Lo que he verificado con los pocos años de vida que tengo me dicen que no. Felicidad = consumo es falso. Pero si modificamos el significado del concepto felicidad y lo relacionamos con una conquista interna, un resultado de un entrenamiento diario donde gestionamos mejor nuestras emociones y nuestros pensamientos, la sociedad de consumo en la que vivimos inmersos perderá fuerza sobre la incidencia de los mensajes de marketing hacia nuestro inconsciente y repercutirá muy poco sobre nuestros estados de felicidad